martes, 6 de octubre de 2015

Quince minutos.

Me abrazabas y sentía el adiós de tu olor tocando mi cerebro, dejando su marca para poder recordarlo allá a donde fuese.
Todas las risas, las bromas, los abrazos, los besos, las noches acurrucados resguardándonos de la brisa fría que corría a las puertas del otoño, todo dejado en el pasado. Ese era nuestro sello de que jamás volveríamos atrás, que todo lo que eramos, fuimos, y nunca volveremos a serlo.
Te pregunté por qué permitiste que me enamorase de ti si sabías que no querías más, y no me respondiste.
Poco a poco nos separamos, nuestro abrazo fue como nuestra relación, primero poco a poco, fijas los brazos en la espalda del otro, y presionas, notas el calor, la acogida en su cuerpo, y te sientes libre pese a estar limitado, pero después te separas de golpe, dejas de notar la presión, y los brazos que te agarraban te sueltan, parece que te vas a caer, y solo lloras.
Fijé mi mirada en el suelo y jamás me sentí tan lejos de ti pese a estar a tu lado...
Me fui, te me fuiste.
Ese día no miré atrás, no esperaba verte corriendo hacia mí arrepentido con ganas de volver a darme otro abrazo o de recordarme que siempre habrá un sitio para nosotros en el universo, porque ya no era verdad, nunca lo había sido, pero lo deseaba...
Anduve diez metros antes de romper a llorar. Las lágrimas acariciaban mis mejillas queriéndome consolar. Ellas habían visto todo desde mis propios ojos, lo habían vivido conmigo y querían irse, no podían estar sin ti, me entendían a la perfección, no soportarían un mundo sin tu presencia, así que como tú, se marcharon.
Me paré en seco, intenté secar las lágrimas con mis manos, pero era inútil, salían tantas que no sabía si era yo o me había convertido en un profundo océano donde ahogarme a mí mismo.
Ni si quiera podía respirar.
Enchufé mis cascos al móvil, y como es inevitable, me puse una canción triste para poder sentirme identificado y no llorar solo tu despedida.
Anduve casi quince minutos sin parar de llorar, no miraba mi camino, no sabía cómo caminaba, y no sé si quería saber hacerlo... me estaba alejando de él... era inevitable... supongo que supe marcharme, como siempre, sin hacer mucho ruido.
No dije adiós, y no sé si me arrepiento o me alegro de ello.
Creo que lo primero.
Bueno, o lo segundo.

(Entrada escrita hace un tiempo)

lunes, 28 de septiembre de 2015

Apología a la estrella fugaz.

Esto es una apología a aquella estrella que representa todas aquellas noches sin dormir, aquellos corazones rotos o las personas que son más el cuchillo que la herida. También representan esos abrazos de despedida, las últimas palabras dichas y escritas, el último beso, aquél paso que alejó el presente del pasado...
Llueve, ¿por qué? Las gotas caen decididas sobre el suelo, no se lo piensan dos veces, y esparcen aquellos sentimientos encerrados por todas partes.
Llueve como si le hubieran roto el corazón al cielo.

Se veía venir, los viandantes miraban hacia arriba prediciendo lo que se aproximaba, y corrían a resguardarse en tiendas y portales, protagonistas de tantos besos y despedidas.
Sabían que iba a llover, que aquella noche el cielo se iba a vestir de negro para darle un efímero tiempo de ruido y tormento a aquella estrella que se marchó sin decir adiós.
Oían poco a poco cómo se acercaban los llantos del firmamento, los perros ladraban, y los melancólicos miraban por la ventana.
En ese momento, los heridos de corazón no lloraban solos.

La gente recuerda cómo era el tiempo días atrás, el tiempo a través del tiempo, cuando la estrella estaba fija, acompañando al cielo cada noche en ese espacio ocupado. Lo acariciaba con la nada y el todo, le había dejado un trozo de sí mismo para poder resguardarse y no andar moribunda por otros mundos en los que perderse.
Inevitablemente el cielo se había enamorado de esa estrella.
Se juraban tiempo eterno, para ellos existía el infinito del universo, y se sentían más grandes que nunca, viéndolo todo desde arriba: los sueños rotos, las promesas sin cumplir de las personas, los accidentes mortales y los nacimientos milagrosos.
El tiempo era eso, tiempo, y la estrella no era una simple estrella, era más, era como su amor, fugaz, como un deseo sin emoción, ella tenía que partir, su sueño era formar parte en una de esas galácticas carreras a las que llamamos lluvia de estrellas.
Sabía que si se lo decía a su espacioso cielo lloraría sin parar y jamás volverían a existir los días soleados, así que una mañana, cuando el sol camuflaba las estrellas con su impetuoso calor, se armó de valor y energía cinética y marchó, tan rápido como un coche colisiona con otro, como un corazón se para irremediablemente, o como una persona se enamora de alguien, primero lento, y luego de golpe.
El cielo, al llegar la noche, le dedicó su mejor sonrisa por medio de la luna a su querida estrella, pero por más que miraba no la encontraba en él. Vio cómo solo había dejado una estela detrás de sí que iba desapareciendo poco a poco. Intentaba abrazar ese poco polvo que su amada dejó atrás, pero acabó dispersándose como el humo de un cigarro aplastado contra el asfalto.
Ahora ahí estaba, usando la tormenta eléctrica para iluminar el universo y buscar lo que había perdido, llorando, con un corazón roto, y con un lunar menos en su piel.

Aún la espera al caer la noche, se dice a sí mismo que volverá, que no hay tanto cielos donde perderse, pero no sabe que lo que se decían años atrás era cierto, que los infinitos en el universo existen, y por más que quieras volver atrás es inevitable la despedida.


(Inspirado en un tweet de @AntonioAlfr_ :"Ha llovido como si le hubieran roto el corazón al cielo")

sábado, 26 de septiembre de 2015

Llegamos tarde.

Llegamos siempre tarde.
Todos hablan de trenes que coger, y yo sé que nadie llega a tiempo.
Puede que ni siquiera existan los trenes de posibilidades que podemos escoger para una vida mejor, o que no se parezcan a la acepción que tenemos de ellos.
Creemos subirnos en uno en el que poder dormirnos sin darle importancia a las estaciones, la gente que entre y salga, o la voz que te avise de las paradas, pero llega el final del recorrido, y solo tienes dos opciones, volver a donde estabas o coger otro tren que te lleve aún más lejos, pero, el dinero no es ilimitado, y en algún momento se te acaban las opciones.
Muchos tratan de olvidar aquellas caras de los vagones, los recorridos que habituaban hacer o aquella persona que no paraba de mirarles hasta el punto de sentirse violados con la mirada; tiran los billetes al suelo, a la basura, los rompen, les da igual, y me da miedo haberme convertido en este tipo de gente que no le da importancia a la memoria de un complejo y simple viaje en tren...
La clave del éxito está en no arrepentirse. O tal vez es solo un simple consuelo.
Llegues a donde llegues, habrás disfrutado de unas vistas, habrás conocido caras extrañas que seguramente no vuelvas a ver jamás, incluso lo más seguro es que no vuelvas a ver el mismo vagón en el que viajas en un determinado momento.

Quizás lo llamamos tren porque es la escapada que queremos hacer de nosotros mismos, un consuelo que usar para darle importancia a ti o a tu vida, una manera de alejarte de un punto de tu existencia del que no estás a gusto.
Se dice que es un tren porque no tienes dos opciones de coger el mismo, "ahora o nunca" gritan desesperados, pero me parece una definición muy estúpida.

Todos llegamos demasiado tarde para el tren con el viaje perfecto, seáis conscientes o no.

Me duele el pecho, a la altura del corazón, y no sé si lo siento si quiera.
Creo que no es el sentimiento de echar de menos, me refiero, no echo de menos el tren, ni si quiera viajar en él, o las vistas que puedes observar desde la ventana. Estoy algo perdido, y no me gustaría recurrir al primer tren que viese para encontrarme, ni siquiera sé si me gustaría moverme.
Sólo sé que a veces sonrío, y es lo que importa.
Tengo mis billetes, no los tiro.

domingo, 13 de septiembre de 2015

13 Segundos

El viento vuelve a soplar desde el norte, todo se congela y es lo que deseaba desde siempre, pero ahora no lo quería así.
Esperaba el frío para poder sentir mejor tus abrazos, adentrarnos en mundos nuevos desde tu cama, o la mía, según dónde nos pillase.
Esperaba las noches para pasear contigo, para dedicarte mis mejores suspiros, para desearte a las estrellas.
Eres mi deseo mejor y peor guardado.
No sabía que reservaba mis peores lágrimas para ti, y es que no sabía que volverías a aterrizar, estabas tan perdido que jamás creí que volvería a oler tu esencia... pero ahí estábamos, creando una sinfonía perfecta en la que desenvolvernos llenos de emociones e inmensos abrazos.
Porque mi única incertidumbre eres tú, eres mi mayor incógnita, y quiero descubrirte.
Déjame ser tu conquistador, quiero enseñarte cómo camino con decisión y con los ojos cerrados, tú me guías, tú me enseñas... me enseñas a echar de menos, a que la vida no siempre es justa, y que me gusta que me hagan daño, en especial tú.
Volvamos atrás, donde nuestras estrellas guiaban todo lo que conocíamos hasta que colisionamos y creamos un agujero negro que tragó todo a su paso. Yo me convertí en una estrella fugaz que iba hacia el sur, tú en un cometa que se dirigía hacia el norte, era inevitable el encuentro, y aquí estamos, solo que nos hemos quedado parados, el uno en frente del otro, sin saber qué decir, con la cara oculta y sin un destello que compartir, ya no chocamos, y es eso lo que quiero, crear un agujero negro de nuevo tan grande que trague absolutamente todo y solo existan nuestros abrazos, mi nariz pegada a tu cuello oliendo aquél olor que me hacía llorar de nostalgia, nuestras voces entrelazándose entre constelaciones, mis noches en vela pensando en ti...
Ahora, nos miramos, estoy despidiéndome de ti en frente de tu casa, me abrazas, vuelven a mí todos esos besos que jamás volveremos a darnos, y es que, estoy muerto sin tus labios.
Quiero llorar, pero cierro los ojos, te abrazo más fuerte. Me abrazas más fuerte.
Mis sentimientos se disparan, mi núcleo interior se apaga y parece que me muero, me siento vacío, otra estrella congelada sin destello...
Mientras veo nuestra vida pasar, desde que te conocí hasta que dijimos adiós, empiezo a resurgir de mi exterior frío y rocoso, y me ablando dejando pasar nueva energía dentro de mí.
Me quedaré quieto, frente a ti, esperando a que choques contra mí y crees una nada donde poder ser todo.

viernes, 11 de septiembre de 2015

Y ahora qué.

Voy caminando, mi miedo aumenta según me sumerjo más en la oscuridad de aquél lugar que conseguía ponerme a salvo de mis pensamientos caóticos pero a la vez me ponía en peligro, pudiendo aparecer cualquier asesino en serie o monstruo que se antojase con mi cuello, pero eso solo sucede en las películas, y yo no estoy en ninguna, ya que en todas las películas hay finales felices, es lo que vende y gusta, pero aquí en la vida real los finales no son felices porque continúan de mal a peor, o al menos mejoran un poquito, pero te volverás a caer, de eso estoy seguro.
Me encuentro en el lugar más increíble de toda la ciudad sin exagerar, y es así ya que aquél sitio ni parece ciudad.
Me paro, me apoyo en un banco y miro las diversas luces que se alzan en el horizonte mezclándose y creando una gran extensión invadida por imaginarias luciérnagas, aquellos bichitos cuyo cuerpo luminoso se asemeja a una calavera, o a una calabaza de halloween.
No hay rastro de nube aparente en el cielo, genial, sigamos.
Un camino asfaltado lleva hasta el lugar en el que sucede la magia, donde todo lo que crees que es imposible se entrelaza con lo posible, donde reír, llorar, pensar, actuar, cantar mientras el sonido del agua tapa cada sílaba que intentas camuflar en la naturaleza.
Aquí está mi puente, tan largo y viejo como siempre. A cada paso que doy el puente retumba y hace que cada roca de su composición suene como si aquél infame puente se quejase a cada paso, aunque prefiero oírlo como agradecimientos que se compadecen de mí y me dan las gracias por convertir de vez en cuando aquél solitario lugar en un lugar menos abandonado.
Me sitúo en el medio del puente, me siento, enchufo los cascos a mi móvil, pongo música y ahí está, "Give me love" retumbando por mi cerebro, castigando cada emoción y haciendo salir las lágrimas por mis ojos.
Siempre igual, nunca aprenderé.
Me quito la mochila y me apoyo en ella utilizándola como almohada, dejando todo mi cuerpo en la fría superficie del suelo. Aquí pillo un resfriado seguro, pero me da igual, solo aquí puedo escuchar cómo se mezcla el sonido del río con mi música mientras miro las estrellas.
La Osa menor, Deneb, etc...
Normalmente parte del cielo está tapado por unos pocos árboles con sus hojas verdes que tanto me hacen pensar en la esperanza que tengo ante todo, pero había un fallo, por la noche ese verde potente no era tan latente.
Normalmente podía avistar tranquilamente más de seis o incluso ocho estrellas fugaces, y cada estrella pedía siempre el mismo deseo, y en parte se cumplió, pero la otra parte no, y esta noche no podía ver ni una estrella fugaz. ¿El cielo no quiere que desee lo mismo que deseé aquellas noches? ¿Es una indirecta para advertirme de que mis sueños ya son inexistentes?
Había venido aquí por si alguien venía a consolarme, pero lo único que aparecía aquí era el frío que cada vez se hacía más fuerte, quebrando uno a uno mis huesos que lentamente se convertían en cristal.
Esta noche estaba aprendiendo a que espero demasiado de la gente, que no todo es como espero y que ni mucho menos la gente que quiero es la que me quiere o la que me quiere es la que quiero, no puedo controlarlo, ni si quiera ellos a mí, todo es un río sin cauce que crece y engulle todo a su paso, destino a destino, persona a persona, recuerdo a recuerdo, todos los árboles que intentan aferrarse a la orilla pero que mueren agonizando entre mis sentimientos que forman aquella inundación.
Se nota que voy a golpes, cada hostia mayor, y no aprendo, solo convivo con mi gran estupidez.
Me levanto, el frío sigue aumentando, empiezo a andar, los sonidos de la naturaleza nocturna se enredan con mis sollozos y mis llantos, y una vez fuera, camino hacia mi casa.
No entiendo nada.

(Escrito el 24/08/14)

Lluvia.

La tormenta aumentaba de intensidad.
Ya podía estar tranquilo,
ya no lloraba solo.

martes, 1 de septiembre de 2015

Marcando la estrella bajo tu pintura.

La noche nos ilumina vagamente a través de las finas nubes que vuelan encima de nuestros pensamientos. ¿Qué habrá dentro de aquella mente? ¿Me quiere? ¿Qué está pasando aquí? Me siento raro, como si mi afán por pedir deseos se quedase obsoleto.
Las barandillas parecen quedarse oxidadas, mi pintura ya no hace acto de presencia, y ya no sé cómo era todo antes. Quiero cambiarlo, me acerco y lo intento arreglar, busco la manera para darle el color blanco que le distinguía, pero solo consigo mancharme las manos de ese marrón anaranjado tan feo que me corroe la piel. Vaya impotencia sentía en ese momento... no paraba de gritar, llorar, intentar marcar lo que ya se había ido, me odiaba por ello, pero no era del todo mi culpa, tan solo dejé que el tiempo corriese por mis venas permitiendo que cada partícula de oxígeno oxidase todo cuanto tocaba. Ahora chirría, se oye desde cualquier parte del mundo. Cierra los ojos, ¿lo oyes? Ese ruido del contacto del metal oxidado contra otro material igual.
Me quiero tirar, la corriente ya me llevará a otro lugar, y si no es así... al menos que me ahogue, no merezco un nuevo sitio arbolado si no he sido capaz de evitar el deterioro del antiguo, alguien lo encontrará, lo restaurará, y ya no habrá marcas de mi existencia, bueno, tan solo por dentro de la nueva capa de pintura, aquella frase, dibujo, lo que fuese aquello que hice con miedo y rapidez.
Aquí estoy, a punto de saltar, mis lágrimas ya lo hacen, se precipitan al río acoplándose perfectamente, ellas no desentonan, escondidas pueden hacerse pasar por algo normal, una onda al caer que simula una sonrisa, una palabra más en frases banales de conversaciones entre dos desconocidos que jamás se conocerán. Pero, yo, si salto, me haré notar, la gente querrá salvarme, pero no comprenden que no quiero ser sacado de la corriente, quiero seguir mi camino, ser llevado a una nueva era, un nuevo siglo, algo que poder cambiar sin fastidiarla, tal vez en otra dimensión, donde los abrazos de despedida no duelan y los "te quiero" sean para siempre.
Escucho una canción en mi cabeza, golpeo el ritmo con mi dedo índice sobre mi pierna, estoy sentado en la barandilla, falta el impulso, pero la melodía me echa atrás, las palabras me sujetan y los recuerdos me estancan allí.
-Un beso silencioso en medio del ruido, una sonrisa nerviosa en una marea tranquila, un tacto suave con el estómago áspero, otro beso silencioso, y otro... y luego vinieron las estrellas fugaces.-
Las estrellas fugaces, según yo tengo entendido, son almas divinas que se quedan estancadas encima nuestra cada vez que pedimos un deseo, y solo desaparecen para convertirse en fugaces cuando nuestro deseo se cumple. Mi estrella está ansiosa por ver universo, y no soy quién para privarle de ello. En mi deseo no pedía nada de perderme en la corriente de un río abismal, así que me levanto, retrocedo, me tumbo en el suelo, y busco otra estrella fugaz.

viernes, 29 de mayo de 2015

De naranja a azul.

El cielo está espectacular, parece bordado con cada ilusión despegada de las mentes de miles de personas, perfectamente colocadas creando miles de colores, pasando desde un azul anaranjado a un color salmón que hasta parece moverse por estar fuera del agua. Más arriba asoma el rosa intenso creado en una franja enorme de nubes, dando paso a un azul grisáceo que se entorna cada vez más negro hasta llegar a donde mis ojos no alcanzan.
Me apoyo en el alféizar de mi ventana, quiero alcanzar las nubes, quiero gritar para que bajen y me dejen sumergirme en sus colores, pero es tarde, va anocheciendo y el color se pierde en el monótono azul que avisa la proximidad de la noche.
Todos a cubierto, esta noche será como todas, alguien se enamorará de otra persona, alguien perderá la virginidad, alguien tendrá el corazón partido a media noche y llorará mirando las estrellas, mientras que estas mismas son vistas por alguien que echa de menos a su otra mitad, esperando mirar por casualidad al mismo punto que su amado, para así sentirse completo.
¿Cómo puede esperar que no me preocupe si todas las noches muere algún romance, la propiedad de alguien es violada, y alguien va armado de malas ideas destinadas al primero que se le cruce por la calle?
Las nubes cambian de color, se mueven, crean tormentas eléctricas y lloran.
Si te preocupas significa que te importa, y si te importa es que aun teniendo miles de razones para no importante siempre buscarás la razón para que te preocupe.
Nos ponemos siempre en lo peor, pensamos en lo que puede salir mal, que alguien intente robarle su corazón aún siendo solo tuyo, que pueda estar perdido y desorientado en cualquier lugar inhóspito o que su corazón ya no es atraído nunca más hacia tu ser.
¿Por qué?
Nos gusta ponernos en lo peor, somos nuestros propios agentes de nuestro sistema sentimental que luchamos en contra de cualquier bacteria maligna que intente penetrar en nuestra mente, intentamos entrenarnos para saber reaccionar contra cualquier circunstancia aunque sabemos que nos derrumbaremos si se cumple lo antes pensado.
Nos enfadamos, nos preocupamos... porque nos da miedo perder lo que queremos.
¿Qué cosa hay peor que ver cómo tu territorio se derrumba y deja de ser tuyo para pasar a ser de otro caballero deseoso de tus ya expropiadas tierras?
¿Qué cosa hay peor que ver cómo el rosa y el naranja desaparecen del firmamento para dar paso a la oscuridad?

lunes, 18 de mayo de 2015

Brillando algo perdido.

La ventana es pequeña y no puedo saciar mis ganas de contemplar el cielo con vista panorámica, quiero ver las constelaciones, no las estrellas, putas limitaciones que construimos el ser humano.
Quiero respirar, pero me ahogo pese a la leve brisa fresca que suavemente entra por la ventana, queriendo irrumpir en mi piel a gritos pero entrando de puntillas.
Asomo la cabeza, miro al cielo, pero los ojos me duelen, hay algo que me molesta, y no se trata del sol cegador, es de noche, las 00:36 para ser más exactos. Bajo la mirada y descubro lo útil para los transeúntes pero lo dañino para mí, como un problema sin resolver, ahí están las farolas ayudando a los viandantes pero impidiendo que pueda observar las pocas estrellas que la contaminación deja al descubierto, como esas imperfecciones imposibles de tapar con maquillaje, solo que esta vez no hay de qué avergonzarse, es natural, no hay necesidad de taparlo, pero aún así lo hacemos inconscientemente, putas barreras que nos ponemos nosotros mismos que nos impiden ver lo natural sin lo material.
Escucho mi canción favorita, bueno, nuestra canción, e intento sonreír, pero la inseguridad me ataca y me pongo a mí mismo mi límite que no debería existir. ¿Y si no le hago feliz? ¿Y si deja de quererme? ¿Me quiere?
Huele a rosas. Abajo en el parque hay un rosal enorme que deja a su descubierto su mayor tesoro en la oscuridad, su olor, que tranquiliza cada parte de mí anestesiando mis sentidos y haciéndome mirar a la nada hasta quedarme centrado en una sola estrella difusa en el espacio, perdida, brillando, porque es lo único que sabe hacer, se limita a brillar y existir, y me pregunto si yo hago lo mismo, si brillo porque es lo único que he aprendido a hacer aunque pueda esconder en mi interior una roca sin luz, limitándome a engañarme a mí y a los demás, o si es lo que de verdad quiero.

Soy feliz, me gusta brillar, pero también me gusta ver a los demás brillar, después de todo lo bonito es ver un gran número de estrellas en el cielo, no unas cuantas debilitadas por la contaminación y la luz artificial que el mundo intenta inculcarnos con valores y estéticas imposibles de asimilar e imitar. Las estrellas no brillamos a primera vista más que una farola visto desde la Tierra, pero juntas creamos un mar extenso lleno de incógnitos y suspiros de belleza, derribamos los cánones artificiales de la belleza y demostramos una vez más que lo natural supera lo industrial.
Algunas se apagan con el tiempo, pero intentamos que sea solo por causas de la edad y no de la integridad.

Vuelvo a mi mundo, recupero el oxígeno y miro al edificio de enfrente. Quedan cinco luces por ser apagadas. Solo cuando apagamos lo artificial podemos descansar y admirar lo natural, así que sigo a oscuras mirando por la ventana, hoy mis esperanzas me han robado el sueño, y se lo han llevado para usarlo como manta para arroparle a él esperando así que no coja frío ni sea atacado por cualquier vulgar pesadilla. Es lo que quiero, que sueñe y brille, que le guste brillar y no se apague jamás.
No cualquier luz artificial está preparada para ver una estrella tan brillante y espectacular como él.
-Buenas noches cielo, y que las estrellas sueñen contigo-

domingo, 26 de abril de 2015

"El Valle de los Extinguidos" - Wattpad.

Últimamente estoy avanzando bastante con mi libro "El Valle de los Extinguidos", y tal como hice aquí, publiqué el primer capítulo del libro en Wattpad.
Esta entrada es simplemente para comunicaros que únicamente subiré los siguientes capítulos (y así hasta el final) en esa plataforma y no aquí, este blog lo usaré como lo he estado haciendo habitualmente, para subir mis pensamientos y esas chorradas que tanto me gustan.
Os dejo el link a mi historia en Wattpad para que la sigáis si queréis:

http://www.wattpad.com/myworks/38352544-el-valle-de-los-extinguidos

¡Un abrazo y gracias!

martes, 24 de marzo de 2015

Noche sin estrellas.

A veces no nos acostumbramos a los cambios, o simplemente no queremos hacerlo, nos limitamos a quedarnos estancados en los recuerdos del ayer sin mirar a lo que está pasando ahora poniendo en peligro nuestro pequeño camino que seguimos día a día.
No nos gusta asumir que algunas cosas cambian, que dejamos atrás a algunas personas o que debemos introducir a otras tantas en nuestros proyectos.
Algunas novedades nos gustan, pero muchísimas otras nos aterrorizan, nos hacen parecer pequeños y su sombra tapa cada rayo de sol que creíamos ver antes, no hay elección, hay que aprender a vivir con nubes nuevas en nuestro cielo, que por la noche deja a la vista evidencias de lo que algún día soñamos, cada estrella fugaz con cada deseo aún por cumplir. Nos decimos día tras día "seguro que se cumplirá", pero creemos saber que no es así.
No quiero dejar atrás todo lo que quiero, tengo miedo a fracasar como persona, como estudiante, como amigo, como hijo, como hermano, como compañero... quiero volver a estos años en los que me sentía arropado y nada era capaz de dejarme por los suelos, exceptuándome a mí mismo.
Las nubes siempre están moviéndose, no pueden estancarse, tal vez sea un sistema de protección que utilicen por ahí arriba para no sufrir daños, para no conocer gente importante que se quede estancada en su interior, para poder cambiar sin miedo a dejar nada atrás. De vez en cuando intentan dejar rastros en cualquier lugar a modo de lluvia, pero igual que las personas que van y vienen, no dejan nada más que un charco que se evaporará con el tiempo.
¿Pero qué hay de las estrellas? Siempre ahí arriba, formando constelaciones que las unen como lazos de afecto, Tienen nombres y son recordadas, de vez en cuando alguna se extingue, pero la mayoría ahí están en el mismo sitio ancladas brillando pese a su destino.
¿Te has imaginado una noche sin estrellas?
Parece aterrador. No tener a dónde mirar, sin posibilidad de pedir deseos o poner nuestra esperanza en astros que no saben que juegan un papel importante en nuestras vidas, pero...
¿te has imaginado un día sin nubes?
Por supuesto que es posible, y es maravilloso, de vez en cuando nunca viene mal una tormenta, pero tampoco un día soleado que nos permita respirar, salir y ver el astro más grande que podemos ver desde donde vivimos. ¿A ese se le piden deseos?
Porque yo quiero pedir uno:
 Sé que la vida está llena de cambios, y yo pido que todos los míos sean para bien, y que si tengo que pasar por alguno malo al menos que sea una buena lección, no un recuerdo destructivo.

viernes, 20 de marzo de 2015

Sólo continúa.

Sólo continúa, muestra que nadie controla tu mente, nada es capaz de distorsionar tu verdadero yo, vas a seguir sonriendo, siendo como quieres ser y persiguiendo lo que quieres alcanzar y vas a hacer todo lo posible por conseguirlo.
Absolutamente nadie va a influir en tu forma de ser o en lo que quieres hacer, no sientes miedo al dar los pasos que quieres dar porque te da igual quién mira y si juzgan tu camino o no. Continúa luchando, sabes que puedes, nadie es débil, solo hay que creer, pero no en alguien que controla cada mente o cuerpo desde lo alto, cree en ti mismo, solo tú controlas tu propia vida, no busques escusas por las que no alcanzas el éxito, busca medios para conseguir lo que te propongas.
Confía en la única persona que te acompaña hasta el día de las seis paredes y los gusanos, tú, confía en que vas a lograr lo que sea, confía en que pese a cualquier canon de belleza, tú, y solo tú, superas cualquier estereotipo ya determinado en una sociedad, por favor, ¿quién cree de verdad que existe un tipo de modelo que seguir tanto en la forma de vida como en la forma de ser o parecer? Cada cosa es bella a su forma, no hay nada feo, solo existen cosas que no se valoran lo suficiente. Siempre hay alguien que te va a valorar más de lo que crees que te mereces, es un hecho, pero antes de que eso ocurra date valor a ti mismo, es un consejo de amigo, de estos que das porque sabes que funcionan.
Valor, eso es lo que necesitas, y no valor en cuanto a dinero se refiere, si no a la cualidad de plantar cara a cualquier barrera que se interponga entre tu camino y tu meta, sé valiente, que no te importen las miradas ni las palabras, que no te importe la repercusión de tus actos en las otras vidas, sé egoísta de vez en cuando, piensa en ti, si de verdad lo que quieres te beneficia, y si es así no dudes en ir a por ello, lánzate, si no es ahora, ¿cuándo? Hazlo antes de que algo se pueda estropear, antes de que la llama se consuma, antes del antes y antes del nunca. Sueña, soñar es bonito, tener metas es gratificante, pero más cuando las cumples, y si alguna vez no te sale algo a la primera no desistas, cuando estés a punto de abandonar un sueño recuerda por qué lo has estado persiguiendo todo este tiempo, y haz lo que sea por seguir dándole busca y captura a los medios que hagan llegar a tu fin.
Sólo continúa, prosigue tu camino, antes de querer que te quieran aprende a quererte a ti mismo, es imposible dar amor si no sabes ni si quiera cómo lo das y si es suficiente, más vale que sobre que falte, o eso me dice siempre mi madre, y supongo que tiene más razón de la que a veces quiero admitir que tiene. Claro que la tiene.
Sólo continúa, sueña, cree, persiste y crea, y lo más importante, que el mundo exterior no te altere tu camino, ni siquiera un grano de arena, y mucho menos una dirección que en realidad no quieres tomar, no hagas algo solo porque es lo que demás esperan de ti, haz lo que esperas de ti, es la única manera de mantenerte feliz a ti mismo.
Sólo continúa.

(Att: Mi atolondrada mente mientras escuchaba "Yellow" de Coldplay.)

martes, 17 de febrero de 2015

27 rayos en la oscuridad.

Todo está oscuro, solo una bola grande blanca difusa ilumina desde el cielo lo poco que puedo distinguir entre las tinieblas.
Tengo los pies descalzos y noto unas tablas de madera ásperas que pueden dañar mi piel, pero no lo hacen excesivamente, así que empiezo a andar, me adentro más hacia un reflejo que veo a lo lejos, y descubro que está situada sobre una inmensa porción de agua que conforma un mar que abraza cada pocos segundos la arena que apenas se puede distinguir por la tenue luz que se alza por todas partes.
El agua está revuelta, siento miedo, ¿qué hago en un lugar como este? Me paro en seco y me pongo a analizar el paisaje, estoy en unas tablas de madera que forman un largo paseo elevado al lado de la orilla de un gran mar oscuro, con olas inmensas que acaban formando remolinos en la arena, que brilla en ciertos puntos debido a la arena cristalina que recubre todo el lugar. Mirando hacia la gran luna que poco a poco se hace más grande  puedo vislumbrar un barranco bastante alto a la izquierda que corta el límite del mar formando una pequeña bahía, donde un pequeño objeto mate se alza sobre la superficie del agua, está quieto, la revuelta no le afecta ni las olas se atreven a sobrepasar su corona, no se atreven a desafiar aquella silueta tan insignificante a los ojos inciertos.
Doy unos pasos más en falso salteando los pequeños huecos que deja la madera cada unos pocos centímetros y empiezo a distinguir las siluetas de personas sentadas en el borde de las tablas por las que paseo, todas ellas calladas, mirando sin rumbo hacia el horizonte que traza el mar bajo la inmensa luna que ya ha alcanzado unas proporciones tales como para alumbrar el agua convirtiéndola en un liso paraje tranquilo y plateado con la apariencia del cristal más frágil pero resistente a cualquier corte.
La luz que desprende ese paisaje me permite ver mejor todo a mi alrededor y poder distinguir lo que antes había calificado como un objeto mate que reinaba la superficie del agua. Se trataba de un amarre que sirve para amarrar los barcos a los puertos y evitar que sean llevados por las corrientes, pero ahí no había barco ninguno, ni si quiera un puerto cercano, pero ahí estaba, reinando un lugar ajeno al que no pertenece. 
"¿Qué hace ahí?", pienso, "es raro, nunca había visto algo así".
La gente parece estar habituada a aquél hecho, aunque no todos, algunas personas se espantan y huyen al descubrir lo mismo que yo acababa de razonar.
Me acerco a una pareja que parecían esconder sus rostros mientras cogidos de la mano miraban hacia el amarre, y articulo la pregunta que deseaba hacer sin mirarles; "¿qué es eso exactamente?"
"Ahí se amarran los sueños que no quieren ser ahogados" - me responde una voz rasgada.
La respuesta me deja satisfecho pese a no darme ninguna razón lógica ni haya despejado mis dudas, pero a veces las cosas no tienen lógica y ocurren sin más, es decir, puede que te encuentres en medio de la oscuridad con un mar revuelto desquebrajándose en mil pedazos que intenta cubrir la tierra firme que conoces, y ahí estás, desde un sitio elevado con la necesidad de elegir, con miedo a lo que puedas encontrarte, y puede que de repente aparezca una gran estrella luminosa que te aclare el camino, que calme el agua que antes tendía a las deformidades creando una capa lisa plateada donde solo quedan los recuerdos que tenías antes del haz de luz, y entonces te darás cuenta de que siempre has tenido algo resistente a todo lo que antes te acechaba, un amarre que permitía a tus sueños seguir a flote, y junto a la luz ahora presente poder creer que es posible cumplir todo aquello que siempre has querido, porque es posible ahora que tienes el camino al descubierto y el mar en calma. Nunca rendirse, es el último hecho que voy a cumplir.
N.
(Inspirado en un sueño que tuve).