lunes, 28 de septiembre de 2015

Apología a la estrella fugaz.

Esto es una apología a aquella estrella que representa todas aquellas noches sin dormir, aquellos corazones rotos o las personas que son más el cuchillo que la herida. También representan esos abrazos de despedida, las últimas palabras dichas y escritas, el último beso, aquél paso que alejó el presente del pasado...
Llueve, ¿por qué? Las gotas caen decididas sobre el suelo, no se lo piensan dos veces, y esparcen aquellos sentimientos encerrados por todas partes.
Llueve como si le hubieran roto el corazón al cielo.

Se veía venir, los viandantes miraban hacia arriba prediciendo lo que se aproximaba, y corrían a resguardarse en tiendas y portales, protagonistas de tantos besos y despedidas.
Sabían que iba a llover, que aquella noche el cielo se iba a vestir de negro para darle un efímero tiempo de ruido y tormento a aquella estrella que se marchó sin decir adiós.
Oían poco a poco cómo se acercaban los llantos del firmamento, los perros ladraban, y los melancólicos miraban por la ventana.
En ese momento, los heridos de corazón no lloraban solos.

La gente recuerda cómo era el tiempo días atrás, el tiempo a través del tiempo, cuando la estrella estaba fija, acompañando al cielo cada noche en ese espacio ocupado. Lo acariciaba con la nada y el todo, le había dejado un trozo de sí mismo para poder resguardarse y no andar moribunda por otros mundos en los que perderse.
Inevitablemente el cielo se había enamorado de esa estrella.
Se juraban tiempo eterno, para ellos existía el infinito del universo, y se sentían más grandes que nunca, viéndolo todo desde arriba: los sueños rotos, las promesas sin cumplir de las personas, los accidentes mortales y los nacimientos milagrosos.
El tiempo era eso, tiempo, y la estrella no era una simple estrella, era más, era como su amor, fugaz, como un deseo sin emoción, ella tenía que partir, su sueño era formar parte en una de esas galácticas carreras a las que llamamos lluvia de estrellas.
Sabía que si se lo decía a su espacioso cielo lloraría sin parar y jamás volverían a existir los días soleados, así que una mañana, cuando el sol camuflaba las estrellas con su impetuoso calor, se armó de valor y energía cinética y marchó, tan rápido como un coche colisiona con otro, como un corazón se para irremediablemente, o como una persona se enamora de alguien, primero lento, y luego de golpe.
El cielo, al llegar la noche, le dedicó su mejor sonrisa por medio de la luna a su querida estrella, pero por más que miraba no la encontraba en él. Vio cómo solo había dejado una estela detrás de sí que iba desapareciendo poco a poco. Intentaba abrazar ese poco polvo que su amada dejó atrás, pero acabó dispersándose como el humo de un cigarro aplastado contra el asfalto.
Ahora ahí estaba, usando la tormenta eléctrica para iluminar el universo y buscar lo que había perdido, llorando, con un corazón roto, y con un lunar menos en su piel.

Aún la espera al caer la noche, se dice a sí mismo que volverá, que no hay tanto cielos donde perderse, pero no sabe que lo que se decían años atrás era cierto, que los infinitos en el universo existen, y por más que quieras volver atrás es inevitable la despedida.


(Inspirado en un tweet de @AntonioAlfr_ :"Ha llovido como si le hubieran roto el corazón al cielo")

sábado, 26 de septiembre de 2015

Llegamos tarde.

Llegamos siempre tarde.
Todos hablan de trenes que coger, y yo sé que nadie llega a tiempo.
Puede que ni siquiera existan los trenes de posibilidades que podemos escoger para una vida mejor, o que no se parezcan a la acepción que tenemos de ellos.
Creemos subirnos en uno en el que poder dormirnos sin darle importancia a las estaciones, la gente que entre y salga, o la voz que te avise de las paradas, pero llega el final del recorrido, y solo tienes dos opciones, volver a donde estabas o coger otro tren que te lleve aún más lejos, pero, el dinero no es ilimitado, y en algún momento se te acaban las opciones.
Muchos tratan de olvidar aquellas caras de los vagones, los recorridos que habituaban hacer o aquella persona que no paraba de mirarles hasta el punto de sentirse violados con la mirada; tiran los billetes al suelo, a la basura, los rompen, les da igual, y me da miedo haberme convertido en este tipo de gente que no le da importancia a la memoria de un complejo y simple viaje en tren...
La clave del éxito está en no arrepentirse. O tal vez es solo un simple consuelo.
Llegues a donde llegues, habrás disfrutado de unas vistas, habrás conocido caras extrañas que seguramente no vuelvas a ver jamás, incluso lo más seguro es que no vuelvas a ver el mismo vagón en el que viajas en un determinado momento.

Quizás lo llamamos tren porque es la escapada que queremos hacer de nosotros mismos, un consuelo que usar para darle importancia a ti o a tu vida, una manera de alejarte de un punto de tu existencia del que no estás a gusto.
Se dice que es un tren porque no tienes dos opciones de coger el mismo, "ahora o nunca" gritan desesperados, pero me parece una definición muy estúpida.

Todos llegamos demasiado tarde para el tren con el viaje perfecto, seáis conscientes o no.

Me duele el pecho, a la altura del corazón, y no sé si lo siento si quiera.
Creo que no es el sentimiento de echar de menos, me refiero, no echo de menos el tren, ni si quiera viajar en él, o las vistas que puedes observar desde la ventana. Estoy algo perdido, y no me gustaría recurrir al primer tren que viese para encontrarme, ni siquiera sé si me gustaría moverme.
Sólo sé que a veces sonrío, y es lo que importa.
Tengo mis billetes, no los tiro.

domingo, 13 de septiembre de 2015

13 Segundos

El viento vuelve a soplar desde el norte, todo se congela y es lo que deseaba desde siempre, pero ahora no lo quería así.
Esperaba el frío para poder sentir mejor tus abrazos, adentrarnos en mundos nuevos desde tu cama, o la mía, según dónde nos pillase.
Esperaba las noches para pasear contigo, para dedicarte mis mejores suspiros, para desearte a las estrellas.
Eres mi deseo mejor y peor guardado.
No sabía que reservaba mis peores lágrimas para ti, y es que no sabía que volverías a aterrizar, estabas tan perdido que jamás creí que volvería a oler tu esencia... pero ahí estábamos, creando una sinfonía perfecta en la que desenvolvernos llenos de emociones e inmensos abrazos.
Porque mi única incertidumbre eres tú, eres mi mayor incógnita, y quiero descubrirte.
Déjame ser tu conquistador, quiero enseñarte cómo camino con decisión y con los ojos cerrados, tú me guías, tú me enseñas... me enseñas a echar de menos, a que la vida no siempre es justa, y que me gusta que me hagan daño, en especial tú.
Volvamos atrás, donde nuestras estrellas guiaban todo lo que conocíamos hasta que colisionamos y creamos un agujero negro que tragó todo a su paso. Yo me convertí en una estrella fugaz que iba hacia el sur, tú en un cometa que se dirigía hacia el norte, era inevitable el encuentro, y aquí estamos, solo que nos hemos quedado parados, el uno en frente del otro, sin saber qué decir, con la cara oculta y sin un destello que compartir, ya no chocamos, y es eso lo que quiero, crear un agujero negro de nuevo tan grande que trague absolutamente todo y solo existan nuestros abrazos, mi nariz pegada a tu cuello oliendo aquél olor que me hacía llorar de nostalgia, nuestras voces entrelazándose entre constelaciones, mis noches en vela pensando en ti...
Ahora, nos miramos, estoy despidiéndome de ti en frente de tu casa, me abrazas, vuelven a mí todos esos besos que jamás volveremos a darnos, y es que, estoy muerto sin tus labios.
Quiero llorar, pero cierro los ojos, te abrazo más fuerte. Me abrazas más fuerte.
Mis sentimientos se disparan, mi núcleo interior se apaga y parece que me muero, me siento vacío, otra estrella congelada sin destello...
Mientras veo nuestra vida pasar, desde que te conocí hasta que dijimos adiós, empiezo a resurgir de mi exterior frío y rocoso, y me ablando dejando pasar nueva energía dentro de mí.
Me quedaré quieto, frente a ti, esperando a que choques contra mí y crees una nada donde poder ser todo.

viernes, 11 de septiembre de 2015

Y ahora qué.

Voy caminando, mi miedo aumenta según me sumerjo más en la oscuridad de aquél lugar que conseguía ponerme a salvo de mis pensamientos caóticos pero a la vez me ponía en peligro, pudiendo aparecer cualquier asesino en serie o monstruo que se antojase con mi cuello, pero eso solo sucede en las películas, y yo no estoy en ninguna, ya que en todas las películas hay finales felices, es lo que vende y gusta, pero aquí en la vida real los finales no son felices porque continúan de mal a peor, o al menos mejoran un poquito, pero te volverás a caer, de eso estoy seguro.
Me encuentro en el lugar más increíble de toda la ciudad sin exagerar, y es así ya que aquél sitio ni parece ciudad.
Me paro, me apoyo en un banco y miro las diversas luces que se alzan en el horizonte mezclándose y creando una gran extensión invadida por imaginarias luciérnagas, aquellos bichitos cuyo cuerpo luminoso se asemeja a una calavera, o a una calabaza de halloween.
No hay rastro de nube aparente en el cielo, genial, sigamos.
Un camino asfaltado lleva hasta el lugar en el que sucede la magia, donde todo lo que crees que es imposible se entrelaza con lo posible, donde reír, llorar, pensar, actuar, cantar mientras el sonido del agua tapa cada sílaba que intentas camuflar en la naturaleza.
Aquí está mi puente, tan largo y viejo como siempre. A cada paso que doy el puente retumba y hace que cada roca de su composición suene como si aquél infame puente se quejase a cada paso, aunque prefiero oírlo como agradecimientos que se compadecen de mí y me dan las gracias por convertir de vez en cuando aquél solitario lugar en un lugar menos abandonado.
Me sitúo en el medio del puente, me siento, enchufo los cascos a mi móvil, pongo música y ahí está, "Give me love" retumbando por mi cerebro, castigando cada emoción y haciendo salir las lágrimas por mis ojos.
Siempre igual, nunca aprenderé.
Me quito la mochila y me apoyo en ella utilizándola como almohada, dejando todo mi cuerpo en la fría superficie del suelo. Aquí pillo un resfriado seguro, pero me da igual, solo aquí puedo escuchar cómo se mezcla el sonido del río con mi música mientras miro las estrellas.
La Osa menor, Deneb, etc...
Normalmente parte del cielo está tapado por unos pocos árboles con sus hojas verdes que tanto me hacen pensar en la esperanza que tengo ante todo, pero había un fallo, por la noche ese verde potente no era tan latente.
Normalmente podía avistar tranquilamente más de seis o incluso ocho estrellas fugaces, y cada estrella pedía siempre el mismo deseo, y en parte se cumplió, pero la otra parte no, y esta noche no podía ver ni una estrella fugaz. ¿El cielo no quiere que desee lo mismo que deseé aquellas noches? ¿Es una indirecta para advertirme de que mis sueños ya son inexistentes?
Había venido aquí por si alguien venía a consolarme, pero lo único que aparecía aquí era el frío que cada vez se hacía más fuerte, quebrando uno a uno mis huesos que lentamente se convertían en cristal.
Esta noche estaba aprendiendo a que espero demasiado de la gente, que no todo es como espero y que ni mucho menos la gente que quiero es la que me quiere o la que me quiere es la que quiero, no puedo controlarlo, ni si quiera ellos a mí, todo es un río sin cauce que crece y engulle todo a su paso, destino a destino, persona a persona, recuerdo a recuerdo, todos los árboles que intentan aferrarse a la orilla pero que mueren agonizando entre mis sentimientos que forman aquella inundación.
Se nota que voy a golpes, cada hostia mayor, y no aprendo, solo convivo con mi gran estupidez.
Me levanto, el frío sigue aumentando, empiezo a andar, los sonidos de la naturaleza nocturna se enredan con mis sollozos y mis llantos, y una vez fuera, camino hacia mi casa.
No entiendo nada.

(Escrito el 24/08/14)

Lluvia.

La tormenta aumentaba de intensidad.
Ya podía estar tranquilo,
ya no lloraba solo.

martes, 1 de septiembre de 2015

Marcando la estrella bajo tu pintura.

La noche nos ilumina vagamente a través de las finas nubes que vuelan encima de nuestros pensamientos. ¿Qué habrá dentro de aquella mente? ¿Me quiere? ¿Qué está pasando aquí? Me siento raro, como si mi afán por pedir deseos se quedase obsoleto.
Las barandillas parecen quedarse oxidadas, mi pintura ya no hace acto de presencia, y ya no sé cómo era todo antes. Quiero cambiarlo, me acerco y lo intento arreglar, busco la manera para darle el color blanco que le distinguía, pero solo consigo mancharme las manos de ese marrón anaranjado tan feo que me corroe la piel. Vaya impotencia sentía en ese momento... no paraba de gritar, llorar, intentar marcar lo que ya se había ido, me odiaba por ello, pero no era del todo mi culpa, tan solo dejé que el tiempo corriese por mis venas permitiendo que cada partícula de oxígeno oxidase todo cuanto tocaba. Ahora chirría, se oye desde cualquier parte del mundo. Cierra los ojos, ¿lo oyes? Ese ruido del contacto del metal oxidado contra otro material igual.
Me quiero tirar, la corriente ya me llevará a otro lugar, y si no es así... al menos que me ahogue, no merezco un nuevo sitio arbolado si no he sido capaz de evitar el deterioro del antiguo, alguien lo encontrará, lo restaurará, y ya no habrá marcas de mi existencia, bueno, tan solo por dentro de la nueva capa de pintura, aquella frase, dibujo, lo que fuese aquello que hice con miedo y rapidez.
Aquí estoy, a punto de saltar, mis lágrimas ya lo hacen, se precipitan al río acoplándose perfectamente, ellas no desentonan, escondidas pueden hacerse pasar por algo normal, una onda al caer que simula una sonrisa, una palabra más en frases banales de conversaciones entre dos desconocidos que jamás se conocerán. Pero, yo, si salto, me haré notar, la gente querrá salvarme, pero no comprenden que no quiero ser sacado de la corriente, quiero seguir mi camino, ser llevado a una nueva era, un nuevo siglo, algo que poder cambiar sin fastidiarla, tal vez en otra dimensión, donde los abrazos de despedida no duelan y los "te quiero" sean para siempre.
Escucho una canción en mi cabeza, golpeo el ritmo con mi dedo índice sobre mi pierna, estoy sentado en la barandilla, falta el impulso, pero la melodía me echa atrás, las palabras me sujetan y los recuerdos me estancan allí.
-Un beso silencioso en medio del ruido, una sonrisa nerviosa en una marea tranquila, un tacto suave con el estómago áspero, otro beso silencioso, y otro... y luego vinieron las estrellas fugaces.-
Las estrellas fugaces, según yo tengo entendido, son almas divinas que se quedan estancadas encima nuestra cada vez que pedimos un deseo, y solo desaparecen para convertirse en fugaces cuando nuestro deseo se cumple. Mi estrella está ansiosa por ver universo, y no soy quién para privarle de ello. En mi deseo no pedía nada de perderme en la corriente de un río abismal, así que me levanto, retrocedo, me tumbo en el suelo, y busco otra estrella fugaz.